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Antes de ir un poco más allá en este viaje de bienestar, quisiera invitarlos a hacer algo muy sencillo: Hagamos las paces con nuestro cuerpo.
En todo este tiempo que me he dedicado a la nutrición, (que no es tanto, pero pasa muy seguido), muchas veces escucho la misma clase de respuesta... "Quiero ir, pero me da pena porque ESTOY MUY GORDO", "quiero que me ayudes a bajar de peso porque he subido tanto que ME DOY ASCO", "Bibis, ayúdame a bajar, que viene tal-o-cual-evento y ODIO MI CUERPO, ME VEO COMO SALCHICHA MAL EMPACADA CON EL VESTIDO", "quiero ir a la playa y me veo como el MONITO MICHELIN EN TRAJE DE BAÑO"...etc., etc. Me sorprende como podemos imaginar toda clase de adjetivos horribles hacia nuestro propio cuerpo. ¿Se imaginan que le dijéramos eso a nuestra mejor amiga? "¡Oye no te pongas eso, te ves fatal, se te saltan las lonjas por todos lados!" ¡Jamás lo haríamos! Sin embargo, no tenemos reparo en hacerlo con nosotros mismos, y eso no está bien. En vez de comportarnos como nuestras mejores amigas, (o amigos) nos portamos como nuestros peores enemigos, pensando en el adjetivo y el insulto más desagradable.
Pero déjenme decirles algo: si no aman su cuerpo ahorita, no lo van a amar con 6, 10 o 20 kilos menos. Sé que tal vez creamos que de eso se trata: una dieta perder peso para poder amar nuestro cuerpo. O venimos aquí a adelgazar nuestras desagradables lonjas/caderas/etc. para AHORA SI poder amarnos totalmente. ¿Les cuento un secreto? el proceso es totalmente al revés. Se trata de amarse primero: con kilos de más, lonjas, celulitis, estrías, en mala forma.
¡OJO! Esto no quiere decir CONFORMARNOS, y seguir comiendo comida chatarra y con kilos de más; al contrario, si nos amamos profundamente, en el cuerpo en que estamos, haremos todo por cuidarlo de la mejor manera: darle la comida más sana, fresca y en cantidad suficiente, tomar agua, hacer ejercicio que te resulte dichoso, tratarlo con cariño. En cambio, si el odio o desprecio hacia tu actual estado o hacia alguna parte de tu cuerpo (¡odio mis caderas!¡detesto mis lonjas!¡ojalá mis piernas de hipopótamo adelgazaran!) es tu motivación para querer hacer un cambio, verás la dieta como una serie de restricciones y el ejercicio como una tortura.
Así que los invito a empezar este viaje con esta sencilla afirmación: "Amo mi cuerpo y hago lo mejor para él".
Esta afirmación debe ser nuestra motivación para un cambio de estilo de vida, en vez de el desagrado hacia tu físico, o querer conformar un estándar de belleza de la sociedad.
Veamos la comida como medicina y combustible que nos da energía, alegría, nos cura y previene enfermedades. Veamos el ejercicio como la dichosa celebración de la habilidad de nuestro cuerpo de moverse; como un vehículo, no para transformarnos en lo que no somos, si no en lo mejor que podemos ser, y lo mejor que nos podemos sentir. Veamos este viaje como una oportunidad de cambiar nuestros hábitos para tener una mejor calidad de vida, toda la vida, y no como un proceso de un mes para perder una cantidad de kilos para caber en un vestido o lucir un traje de baño.
Así que, todos los días vete en el espejo y di, viéndote a los ojos ¡TE AMO!





